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9 June 2016

Sí te la dejás chupar, pasás la clase…

Entre una mezcla de recuerdos vagos y lejanos me traslado a ese primer día de clases cuando el temible profesor “José Ramón Chamorro” de estadística entró con aires de superioridad al salón de clase; pavoneándose con total seguridad frente a un tímido grupo de adolescentes que lo esperábamos con cierto temor aprendido derivado de la fama que él se había ganado en el colegio. Puso su maletín en el escritorio, me quedó viendo fijamente, me señaló y con su voz ronca y cierta malicia me dijo frente a todos: “Vos nunca vas a pasar mi clase”.

Con la inocencia de un adolescente de 16 años no supe que decir, ni cómo reaccionar. En mis adentros solo pensé -Tengo que estudiar mucho en esta clase para demostrarle que con esfuerzo y perseverancia todo se puede lograr, incluso pasar su clase – me dije. Pensamiento cajonero que de seguro copié y pegué de alguna revista de superación personal de 5 pesos de aquellos tiempos. Un niño/adolescente a esa edad difícilmente puede identificar semejante amenazada de un depredador de esa naturaleza. Yo aprendí a las malas.

Nunca sospeché que ese día era el inicio de un año completo de chantajes, miedos, manipulaciones y acoso sexual, pues sí, esta historia es la misma que se repite todos los días como secreto a voces en muchos colegios de Nicaragua. Una historia promovida y resguardada por la complicidad de todo un sistema cultural abusivo que incluye padres/madres de familia, docentes y directores.

Meses después llegaron las primeras pruebas y exámenes de la clase, el profesor nunca me devolvía los resultados y en caso de hacerlo siempre aparecía “aplazado”. Por más que estudiara y me esforzara mis calificaciones siempre eran del mismo color: Rojo. Al no tener un medio para refutar mi mala racha en las pruebas y exámenes acudí a la dirección del centro escolar para exponer mi caso, el director (Roger Meléndez) me escuchó y nada más, no pasó nada. Nunca intervino ni por mí, ni por nadie. De seguro creyó que era un típico caso de adolescente latoso.

Paralelo a mi frustración académica, el querido profesor “Toñito” (José Antonio Gómez), hombre mayor “afeminado” y evidentemente homosexual (Todos lo sabíamos, menos su esposa) se me acercaba para inicialmente hacerse mi amigo y gradualmente irme acosando. Fue pasando de lo sutil y “halagador” como decirme que me veía guapo, fino, elegante, inteligente, hasta llegar a decirme que como él la mamaba nadie más lo hacía, que si me la dejaba chupar nunca lo iba a olvidar porque él se sabía todos los trucos habidos y por haber en el arte de la felación.

Todas sus palabras y gestos exagerados que hacía con la lengua me causaban mucha gracia inocente, no sabía que estaba siendo acosado sexualmente por un pedófilo, eso lo vine a saber años después.

Supongo que entre pláticas superficiales y aquella acosadera sexual le fui contando sobre mi fallida clase de estadísticas, lo que nunca imaginé es que la estrategia del “Toñito” era haberse aliado con el profesor de estadística para hacerse intercambio de favores, yo era uno de ellos. Al llegar el primer semestre de la clase, tal como lo sospeché aparecí aplazado, la angustia invadió mi vida, pues de salir aplazado en mi casa me esperaba una nueva golpiza por parte de mi papá (Meses antes me había dado como 20 fajazos por dejar el año escolar).  Yo no quería que me volvieran a golpear, así que al profesor Toñito se le ocurrió la mejor idea para ayudarme (Tan bueno el teacher) y me lanzó la propuesta -Yo te puedo ayudar a pasar la clase, si vos te dejas mamarla, yo hablo con José Ramón Chamorro (el profe de estadísticas) para que te pase- me dijo.

¡Trato hecho! Acepté la propuesta del profesor, hice un examen de reparación como pantomima y ¡Voilá!, pasé la clase. Pero eso sí, me le fui arriba al Toñito y nunca me dejé hacer sexo oral, se quedó con las ganas. Nunca sospeché que mi súper estrategia me iba a costar caro y que la misma historia se iba a repetir nuevamente, solo que con un nuevo protagonista, el profesor Guillermo Roblero, la mano derecha del Toñito, ambos eran una especie de alianza perversa de orgías sexuales con adolescentes del colegio, todos los sabíamos, incluso los profesores.

Llegamos al segundo semestre de la maldita clase de estadísticas, por mucha atención que prestara a la clase, que me esforzara haciendo las pruebas, exámenes, trabajos y demás, nada, nunca pude pasar la clase, y eso que recuerdo que me parecían ejercicios cajoneros memorísticos, no se requería ser un genio de la NASA para encontrar la moda, media y mediana.

Paralelo a mi nueva experiencia, le tocó el turno al profesor Guillemor Roblero, quien me endulzaba el oído y me invitaba a su casa a ver películas pornográficas. Debo confesar que no fui una, dos o tres veces a su casa, sino muchas alentado por mi curiosidad de adolescente, siempre iba acompañado en grupos por otros chavalos curiosos. Supongo que el profe hacía una especie de análisis de quienes íbamos a hacer ser sus próximas víctimas. Ah por cierto, mi primer beso fue ahí, con él, en su casa, en su cuarto, en sus garras.

Recuerdo claramente que en una ocasión le conté a la jefa del área donde estudiaba, la profesora Indiana Gaitán, que el profesor Guillermo me “enamoraba” y me decía cosas sexuales. Ella nunca hizo nada, se limitó a contarle a una de sus amigas que casualmente era la jefa inmediata del segundo profesor acosador. No recuerdo el nombre de la otra profesora, sino también lo escribiría aquí.

Y de pronto, llega diciembre, últimos exámenes y ustedes ya se imaginarán como termina esta historia de pedofilia colectiva. Pues sí, me volví a aplazar, pero en esta ocasión tenía un nuevo aliado, el profesor Guillermo Roblero.  El nuevo trato era que él iba a hablar con el profesor José Ramón Chamorro si yo me acostaba con él, no solo quería chupármela como el anterior, su amigo, no, este quería más.

Asediado por el miedo y la impotencia, volví a aceptar tan “justo” trato. Y en mi inocencia, “les recuerdo” tenía 16/17 años (Porque ya habían cumplido años a mitad del año) pensé -Esta vez me vuelvo a salir con las mías. Así que fui a hacer nuevamente el circo del examen de reparación y ¡Voilá!, pasé la clase.

Llegó el esperado día, el profesor José Ramón Chamorro iba a entregar las notas de las personas que habíamos pasado su clase y así poder pasar al siguiente año escolar, me dirigí a su oficina y cuando le pedí mi certificado de nota me respondió: -Las tiene el profesor Guillermo Roblero -¿Quéeeeeeee?- recuerdo haberle preguntado sobre las razones de porqué un profesor ajeno a la clase, a mi carrera y facultad tenía mis notas. Él con sonrisa maliciosa se limitó a decirme que no sabía. Sinvergüenza asqueroso.

Ese era el último día para matricularse (Creo), el asunto es que yo viajé desde Matagalpa, mi ciudad natal, hasta Granada ese día y no podía regresarme sin hacer esa gestión. Recuerdo que me desesperé, que me dio miedo y no sabía qué hacer. Llamé al celular del profesor Guillermo Roblero para pedirle mi nota y él respondió con tono “triunfador” y burlesco, me dijo que con gusto me las daría si llegaba a su casa ahora mismo a traerlas para pagarle el favor que había hecho por mí.

Colgué el teléfono con miedo, tristeza y decepción, supuse que el profesor “Toñito”, el primer acosador, le había contado de su fallido intento de “chupármela” y que por eso, este había tomado delantera de la situación. Yo no quería decirle a nadie lo que estaba pasando porque mi principal temor era que me dijeran que había dejado la clase. ¡Que pendejada más grande!

En mi desesperación recuerdo que le conté a dos personas, el primero era un joven cooperante de Cuerpo de Paz de Estado Unidos, Charlie Ferguson de apenas 25 años de edad (Yo lo miraba viejo jejeje), él me daba un taller sobre gestión empresarial, cuando le conté se enojó mucho, me dijo que fuéramos inmediatamente a la policía a poner la denuncia y también a la dirección del colegio para poner al tanto a las autoridades. Yo lo detuve y le dije que no lo hiciera, que me preocupaban mis notas y que si dejaba la clase me golpearían en mi casa.

Junto con el muchacho cooperante pensamos en una solución inmediata, me dirigí donde un profesor de español, Rafael Suárez, quien también fungía como supervisor del internado donde yo vivía en tiempos de clase y habíamos hecho una muy buena alianza, de esas alumno-docente por las que vale la pena seguir creyendo en la existencia de los buenos profesores. Tranquilos/as, él no me acosó, sino que me ayudó al conseguirme uno de los famosos certificados de notas en blanco, quien me dijo que nunca dijera que él me había dado uno (perdón por decirlo ahora).

Con esa hoja me dirigí nuevamente donde el profesor corrupto de estadísticas (Les recuerdo su nombre, José Ramón Chamorro) a pedirle que la llenara y me la devolviera inmediatamente para irme a matricular. Y así fue.

Estudié 3 años en el Instituto Tecnológico Nacional de Granada, centro de estudio donde el mismo personal administrativo vendía marihuana a sus alumnos, donde pude vivir las primeras manifestaciones de corrupción y abuso de poder ejercido por autoridades escolares hacia los alumnos y sobre todo, donde algunos docentes, tanto heterosexuales como homosexuales acosaban a sus estudiantes.

Actualmente, luego de un sonado escándalo de abuso sexual el profesor Guillermo Roblero fue expulsado del colegio. El profesor José Antonio Gómez (Toñito) fue ascendido como coordinador de su facultad y el profesor José Ramón Chamorro sigue dando clases ahí mismo, quizás siguen acosando sexualmente a más adolescentes. Otro profesor de nombre Francisco Díaz también fue expulsado del mismo centro de estudios por acoso/abuso sexual, hace como un año lo vi dando tele-clases virtuales para el Ministerio de Educación.

Finalmente, no escribo estas líneas para generar lástima de nadie, tampoco para que me acusen de provocador o culpable de nada, ya aprendí a luchar con esos sentimientos, sino para generar el debate necesario sobre el tema del abuso sexual en Nicaragua, fenómeno cultural más común de lo que imaginamos y apenas sospechamos. Usted, hable con su hijo sobre este tema, usted no sabe si su hijo o hija será la próxima víctima o ya lo está siendo. Quizás no lo sepa nunca, así como mi papá y mi mamá ni siquiera saben esta historia que acabas de leer.

Traten de promover factores protectores para sus hijos: Información, comunicación, no los golpeen por dejar clases, sean sus amigos, quiéranlos bien, acompáñenlos en el proceso de vivir. De ustedes depende.

Yaser Morazán / Trabajador Social / Psicólogo Familiar.

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