Cargando la página...

Image
7 January 2016

La Cultura del Miedo, que da miedo en Nicaragua.

Mientras me tomo una deliciosa taza de café caliente, fusionada con la exquisitez de especias como la canela y el clavo de olor, me dispongo a levantar las patas sobre un sillón y  leer una de mis revistas favoritas, la TV y Novelas de la política criolla centroamericana, “Revista Envíos”. Al pasar y leer sus páginas no dejo de sorprenderme por la valentía y coraje de este equipo periodístico que me hace preguntarme ¿Quiénes son? ¿De dónde salieron? ¿De dónde toman el coraje para escribir? ¿Será de la falta de miedo que produce el conocimiento? Humm, ¿Y si averiguamos juntos?

Me traslado mentalmente a la vieja Matagalpa de 1995 cuando mis padres me golpeaban cada vez que “metía la pata” por decir alguna indiscreción frente a los vecinos o familiares que llegaban a visitarnos. Dada mi personalidad históricamente espontánea,  debo confesar que fueron muchas veces y que por más y más que me golpearan nunca entendía “el error” de mis palabras o acciones, solo sabía que “algo malo” había hecho y no debía volver a repetirse o pagaría las consecuencias.

Lección número 1: Enjaula tu libertad.

Lo bueno es que fui a la escuela, ese lugar de culto y valores donde nos enseñamos colectivamente a mentir en nombre de la educación. Recuerdo a mi profesor Alex de Matemáticas novio de una alumna, pero eso sí, nadie debía decir nada porque el profe era buena onda y si le llegabas a caerle mal te dejaba la clase.

Lección número 2: Finge que nada pasa.

Luego me fui a estudiar a Granada, pasé de ser testigo silencioso a recibir acoso sexual por parte de los mismos profesores que se supone debían cuidarnos, me atreví a acusar a uno de ellos con la responsable de la carrera que estudiaba, ella se limitó a escuchar y en nombre de la paz mundial a hacerse “la sueca” como decimos en buen nica, Y fue así como también tuve que callar para “poder pasar las clases”, porque claro, esa estrategia es infalible.

Lección número 3: Minimiza los daños; el beneficio personal frente al colectivo lo vale.

Al final de mi “educación” me dirigí a mi primer empleo en una empresa farmacéutica de gran prestigio nacional. La primera lección que aprendí de la mano de mis nuevos compañeros de trabajo fue: -Tenés que caerle bien al jefe.

Recuerdo en una ocasión los nervios que sentíamos todo el personal al acercarse la evaluación anual institucional por parte del área de recursos humanos, todos sudados y angustiados pensando en las posibles preguntas-respuestas que nos harían, el consejo de mi mejor amiga de la empresa fue: -Si te preguntan algo de don Erick (El jefe) tenés que decir que es el mejor jefe del mundo, un hombre lleno de valores, cualidades y blablablá.

Ahora todo tenía sentido, todas esas lecciones que me dieron en casa y la escuela me ayudarían a enfrentarme al mundo laboral: Callar para sobrevivir y ascender en la vida, el asunto en cuestión es que callar nunca ha sido una de mis cualidades laborales y por eso me ganado varios despedidos, pero “gueno”, ese es otro tema.

Pensando que mi experiencia debe ser similar a la de muchos mortales en Nicaragua, reflexionaba: Después de mal educar a un niño, adolescente y joven con la metodología del bozal, ¿Cómo pretendemos tener adultos empoderados capaces de denunciar las arbitrariedades de su entorno, de sus mismos padres/madres, jefes y gobernantes?  La tarea en Nicaragua es más urgente y grave de lo que apenas sospechamos.

La cultura del silencio que genera el miedo, es un cáncer social que tiene sus raíces bien plantadas desde los mismos hogares donde se vive en sistemas machistas y violentos que se materializan a través de la minimización y cosificación de los más débiles, por lo general niños, mujeres y ancianos.

Luego esta cultura de violencia se traslada a las escuelas, donde hay todo un sistema adultista y vertical diseñado para someter a los niños y adolescentes en nombre de la educación.

Por lo tanto, las sociedades no pueden devolver algo que no se les ha entregado y es por eso que vemos partidos políticos caudillistas y llenos de nepotismo ante el silencio cómplice de sus bases, iglesias abarrotadas de feligreses incapaces de cuestionar el poder religioso y centros de trabajo donde la norma no escrita es agachar la cabeza al jefe para poder permanecer.

Está comprobado científicamente que todas las personas nacemos con coeficientes intelectuales promedios, con una alta capacidad para aprender utilizando instintivamente el método científico a través de la observación y la formulación de preguntas como el famoso “por qué” de los niños.  Pues resulta que esa valiosisisisma capacidad va disminuyendo a medida que vamos creciendo y no porque el sistema genético esté diseñado de esa manera, no, sino porque el entorno socio-cultural educativo nos va atrofiando el cerebro gradualmente.

Cada vez que le decimos a un niño/a “NO” podés, “No” debés, “NO” opinés, “NO” hagás, etc. Estamos fabricando y entregándole un nuevo zombi humano al sistema socio-político corrupto, opresor y violento en el que vivimos y del que tanto nos quejamos.

Para profundizar sobre este temas, nos vemos en el youtube: El Miedo se apodera de Nicaragua.