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19 November 2015

Mi ropa es de marca

Les quiero contar un secreto, de esos que están ocultos como “presupuesto municipal” o esperma de monja embarazada. Pero antes, es necesario que viajemos en el tiempo, allá por la prehistoria, los años noventa, de cuando aún era un niño precioso y virginal.

Tengo un hermano mayor, somos apenas año y medio de diferencia, a mi mamá le encantaba vestirnos y peinarnos de la misma forma, quizás era su manera de promover la igualdad en aquellos días, o bien, una forma rápida, práctica y fácil de no complicarse la existencia y la creatividad.

Soy el niño triste del fondo

Nunca me cuestioné por qué debía tener ropa similar a la de mi hermano, hasta que descubrí “El pelo en la sopa” con la llegada de la temible y “terremotosa” adolescencia y fue ahí cuando la de Troya se armaba cada cierto tiempo: -Ese es mi zapato. -No es el mío, porque el tuyo tiene más gastada la suela 1 Cm. del lado derecho porque vos caminas con las patas volteadas, blablablala. En fin… fuimos identificando que vestir de la misma manera no era tan buena idea. Y fue así que con el pasar de los años cada quien fue buscando su propio estilo, por supuesto que el más “fashion” sexy y atractivo sigue siendo el mío, eso es indudable.

Pero, ¿Quién nos dice cómo debemos vestir? ¿De dónde nos copiamos? ¿Quién marca las tendencias en Nicaragua? Digo, porque ni modo que sigamos las tendencias del fashion week New York primavera-otoño, a como muchos de por aquí recientemente nos quieren hacer creer. Al menos yo no me imagino andar con abrigo de piel de alce en la ruta 110 de Managua, no!!!

Y así pasaron los años. Pasé de vestirme a como me imponían en la casa, a vestirme camisas manga larga, zapatillas y pantalón de tela para poder trabajar en empresas privadas de la caliente capital. Claro, porque me educaron para creer que vestirse de esa manera es sinónimo de profesionalismo y seriedad laboral. Luego me vestí estilo ONG, es decir, no importaba como, sino que al menos anduviera ropa para tapar mi muy esculpido cuerpo en grasa, preferiblemente con logos y lemas de feminismo, medio ambiente y participación ciudadana. Porque en este sub mundo también hay tendencias marcadas sobre la moda, y así fue pasando el tiempo hasta que llegaron mis actuales días de “dios de ébano”.

Soy de Matagalpa, y la moda ahí se vive al mejor estilo copio-pego, es decir, algún dueño de alguna tienda lleva una camisa color azul estilo “tengo reales” y al siguiente día, todas las demás tiendas compran y venden la misma pieza, y a la semana siguiente toda Matagalpa se vuelve un solo batallón de “la moda”, todos uniformados.  Debo admitir que ese fue mi estilo durante miles de años y fue así como llegué a modelar: Un overol azul estilo Mario Bross, un pantalón estilo “militar” acampanado y un Short con rayas a los lados estilo CPF.

A los 19 años me fui a vivir a Managua por primera vez y ahí conocí un grupo de “amigos” que me preguntaban: -¿Y por qué te vestís así? Ese pantalón te queda feo del tiro, ¿Por qué combinás camiseta con pantalón de tela? Buajajaja. Tal como suele suceder en las novelas mexicanas, mis críticos y asesores de moda me encontraron la solución, que para ellos fue vestirme todo apretadito, socado, incómodo!!!

Pero eso sí, cuando este patito feo se convirtió en el cisne bello que ahora todos conocen, no fue fácil. No, porque ser divo cuesta en una sociedad que se niega a que alguien se ponga un trapo diferente, incluso hay personas que se sienten altamente ofendidas si alguien lo hace.

Recuerdo un día andar de paseo en las Matagalpas y un hombre joven bien educado al verme con un pantalón “roto” y socado me dijo cuántas vulgaridades se le ocurrió y para complementar y satisfacer su ego me golpeó en la cara. Me sentí tan mal que lo primero que hice fue regresar a mi casa a quitarme el pantalón, pero de pronto, el dios de la homosexualidad me dijo: -NO!!! Es hora de regresar a la calle y caminar por tu alfombra de colores.

Con el pasar de los años me fui dando cuenta que ese estilo de “socadito” no me gustaba, que era la cosa más incómoda del mundo y que no era práctico con la realidad climatológica de nuestro país, algo parecido a las mujeres que bajan en tacón de agujas por las montañas de Matagalpa, buajajaja.

Y así llegamos al año 2013, yo andaba de paseo y estaba en el área “de las computadoras” de un hotel, de pronto un señor que estaba a mi lado me preguntó: -¿De dónde sos? –De Nicaragua respondí, y él prosiguió -Vos debés de ser de una familia rica porque andas un suéter Armani. Cuando el señor me dijo esto último, mi cara debe haber sido de INFARTO. Voltee a ver “disimuladamente” la parte superior izquierda de mi suéter y en grandote decía “ARMANI”. Buajajajaja. El señor se quedó pensando y al ver mi cara de “sorpresa” me dijo: -A menos que sea copia. Bingo!!! Adivino. Buajajajaja. Pero… ¿Por qué vinculamos “marca” con dinero? ¿La ropa es una etiqueta sin palabras que nos define en un mundo de estándares?

Jamás en mi vida había pensado que casi todos mis sueter comprados en la calle central de Matagalpa, sino es que dicen Armani, Dolce & Gabbana o cualquier otra paja de diseños que jamás en mi vida he visto originales. Lo que pasa es que en las Matagalpas nos gusta “comprar cosas de marca” aunque no lo sean, pero… ¿Por qué?

Luciendo mi Dolce & Gabbana

Luciendo mi Armani.

Para muestra de lo que les digo, un botón: En la ciudad existe un personaje que vende ropa de manera “clandestina”, se para en la puerta de su casa al mejor estilo “león cazando presas” y si por accidente se te olvida que él vive por ahí y se te ocurre pasar, te ve, se te lanza encima (Y créanme, no te suelta hasta que le comprés aunque sea un par de calcetines) y a través de una retajila te dice: -Acabo de venir de EEUU, y traje; Old Navi, Aeropostal, Lacoste, Guess, Polo, Tommy hilfiger, , blablablá… Es decir, el hombre no vende camisas, pantalones o zapatos, no, sino “MARCAS GRINGAS”, porque él sabe que el 90% (Dato sacado al ojo por ciento) de la población matagalpina aspira a vivir la experiencia de “andar marcas”. Que pereza!!!

Después de contarles media vida y pensar un rato, les quería contar que las personas somos productos de procesos de socialización que nos indican lo que está bien y lo que está mal pensar, decir o hacer. Y en esta multidimensionalidad de lo que es cultural también está la ropa que llevamos puesta, porque aprendemos a través de la capacidad humana de la observación que nos proporciona imágenes del entorno y luego son interpretadas en el cerebro humano y este nos orienta de cómo encajar en el grupo social al que pertenecemos, si ustedes observan en Nic. Nos gusta vestir con colores oscuros (negros, café, marrones, etc.) o bien, colores fríos (blanco, azules, etc.), paradójicamente vivimos en un país de clima tropical, hace calor la mayor parte del año.

De ahí es que salir por las calles de Matagalpa con el pelo color violeta podría agredir la norma social del “deber ser” y muchos dirían: -Pero que ridículo!!! O bien, para un hombre machista ver a otro hombre vestido de mujer podría significar un atentado contra su género, el masculino, o bien posiblemente no te den el empleo de tus sueños si vas con los pantalones rotos.

Si tenés códigos mentales rígidos te recomiendo viajar para abrir y flexibilizar tu mente y así descubrir un mundo de oportunidades, de que hay otras formas posibles de vivir la vida, incluyendo la forma de vestirnos. Otro día les contaré de mis camisas con la bandera de Estados Unidos en el pecho, Buajajaja.

Luciendo mi Armani.