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15 November 2013

Mi primer empleo

Trabajo ganador del III concurso de ensayos “Mi primer empleo” promovido por ASODEL y El Centro Valdivieso”.

Una maleta llena de ilusiones choca contra la realidad…

Ojos alertas, oídos atentos, concentración al máximo, tomando notas velozmente, así me recuerdo en mis últimas clases de inducción laboral, cuando la profesora nos explicaba el “Paso a Paso” para conseguir un empleo en el competitivo mundo laboral.

Éramos cientos de jóvenes en un inmenso auditorio, de todo el territorio nacional y de diferentes especialidades técnicas, todos procedíamos de origen sencillo y humilde, y vivíamos becados en un colegio de bachillerato técnico en la Gran Sultana, Granada.

Mi especialidad fue “Laboratorio de Análisis Químico” y al igual que mis compañeros de carrera, soñábamos con ubicarnos rápidamente en una empresa de prestigio y carácter industrial, creo que el pago era en lo menos que pensábamos, solo queríamos trabajar y demostrar que llegamos a la meta.

Todos escuchábamos comentarios y rumores sobre algunos alumnos destacados que habían conseguido ubicarse rápidamente en años anteriores, eran una especia de mito urbano y todos queríamos seguir sus pasos.

En el último semestre de la carrera, pasamos escuchando largas horas de clases sobre técnicas de entrevista de trabajo, como hacer una hoja de vida, como ser un buen trabajador, etc. pero nada de esto me preparó para lo que me esperaba en un futuro muy cercano.

Y llegó el gran día, todos cual si fuésemos mariposas recién evolucionadas viajando al inimaginable mundo de la búsqueda del trabajo. Desde la marca inicial, todos trazamos nuestras propias estrategias de supervivencia, cada quien se defendía con lo que podía y tenía.

En mi caso, siendo originario de Matagalpa, no tenía sentido regresarme a mi ciudad, ahí solamente hay una única empresa que me pudiera haber contratado, por lo tanto, mi estrategia fue apegarme a la solidaridad de mis parientes lejanos de Managua. A primera me instalé con mis maletas en la casa de una tía, por tiempo indefinido.

Redacté, imprimí y fotocopié decenas de Curriculos Viate y cada día tomaba un bus rumbo a carretera norte para dejar hojas de vida y esperar a que un día me llamaran para una entrevista de trabajo. A veces me perdía, a veces lo lograba y así me pasé los primeros meses del año.

Ring!!! Ring!!! Sonó un día mi teléfono celular.

—Aló, ¿con el señor Yaser Morazán?

—¡Si, con él habla!…

-Le llamamos de la empresa “Farmacéutica Pancima” para que se presente mañana a nuestras instalaciones para una entrevista de trabajo.

—¡Por supuesto, ahí estaré! Muchas gracias…

Y de pronto, ya era mañana en la mañana y salí con actitud de campeón, haciendo auto preguntas, respondiéndome yo solo, practicando ejercicios de ecuaciones químicas, pensando en cómo me debía sentar, hablar, mirar, caminar y todo el show actoral que nos inventamos cuando somos nuevos en las entrevistas de trabajo.

Ya estando frente a la gerente de recursos humanos y hablando sobre mi perfil profesional y según yo luciéndome con mis súper repuestas editadas por la facultad donde estudié, de pronto, se me ocurrió hacer una pregunta y pasé de entrevistado a entrevistador.

Ya terminando la entrevista, pregunté:

—¿Usted tiene alguna pregunta u observación sobre mí?

En actitud pensante ella respondió….-Hummmm, ya sé porque me lo preguntas. Lo estaba pensando, ¿Sos homosexual?

—Quéeeeeeeeeee?

Mi mundo se calló en mil pedazos, me quería morir de la vergüenza, quería que la tierra me tragara y me expulsara en China, todo con tal de no tener que responder a esa pregunta.
A mil por hora pensaba:

—¿Será que se me echa de ver? ¿Será que se me nota? ¡Qué pena, tanta preparación para terminar en esto!…

Los segundos se convirtieron en largas horas y mi cabeza era un tornado de sentimientos, emociones y arrepentimientos, diciéndome a mí mismo:

—A qué hora se me ocurrió pedirle una observación a esta mujer, -¿Y ahora que le digo?, le digo que sí o le digo que no.

—Si le digo que sí, no me darán el trabajo, y si le digo que no, es negarme a mí mismo. ¡Qué horror! Me quería morir y resucitar lejos.

Pensé en todos los hombres gays femeninos, pensé en las personas transgéneras y pensé en mí mismo, pensé y sentí en la injusticia de tener que responder a esa pregunta y a mis 19 años no tener los argumentos más inteligentes y experimentados para darle una catedra a esa mujer.

Y haciéndome honor a mí mismo, o quizás, al sentirme descubierto, admití tímidamente con un Sí.

A lo que ella contesto:

—No te preocupes, yo no tengo problemas con eso, pero si me preocupa la reacción del resto del personal frente a tu presencia y yo tengo que garantizar que ellos no se sientan acosados por vos.

—¡Haaaaa!

Y ella siguió, mientras yo miraba pajaritos de colores…

—Además tengo que consultar a los gerentes propietarios, porque no estoy segura si ellos están de acuerdo con tener un homosexual en la empresa.

Por educación, por nervios, por vergüenza, por todo… terminamos la entrevista cordialmente. Salí por donde entre y apenas me cerraron el portón, abrí mis lágrimas[1]. Lágrimas que hoy se transformaron en ríos de luchas sociales, en alzar la voz frente a las injusticias del sistema por tener una identidad sexual o una expresión de género distinta a la normal social.

Con este ensayo, pretendo contar mi historia, no como un elemento revictimizador, sino como un insumo de visibilización, de una realidad en la que no escogí ser invitado, pero que lamentablemente me arrastró y me sigue arrastrando cada día.

Denunciar es importante, pero más necesario y urgente es invitar a los jóvenes de Nicaragua a que no sintamos vergüenza por ser nosotros mismos y que no vale la pena trabajar en un lugar donde no te quieren tener, o que tenés que fingir ser algo que no sos.

Quizás por experiencias como estas, es que decidí estudiar Trabajo Social y Gestión del Desarrollo y dedicarme a trabajar en organizaciones y espacios laborales donde mi identidad sexual no importe a la hora de ejercer mi profesión. Donde tenga la libertad de ser yo mismo y sentirme seguro y orgulloso.

Años después fundamos una organización juvenil en Matagalpa, “Agentes de Cambio”, un espacio de ideas donde promovemos la lucha y defensa de los derechos humanos de las juventudes LGBTI.

Semillas amargas del pasado han germinado en árboles frondosos del futuro.

¿Cómo le pedimos a un pájaro que no acepte volar? El solo vuela y ya.